
El cuarto argentino en ganar un Grand Slam, el tercero en el US Open, el más joven de los nuestros en conquistar un “grande”, el más exitoso proporcionalmente a su edad, el campeón más alto de Flushing Meadows (1,98), “el quinto Beatle”, el único en derrotar a Roger Federer en la final de este torneo, el que venció a Rafael Nadal tres veces en el año, el que maduró y por fin se desquitó de Andy Murray, el que se la tiene jurada a Novak Djokovic, la “oveja negra” que prefería Nueva York a París, la promesa cumplida del tenis argentino, el nuevo embajador de Tandil en el mundo, el que no olvidó a la familia ni los amigos ni a su país a la hora de las dedicatorias, el “nene” de los cinco millones de dólares en premios, el que ama el cemento pero también la rompe sobre polvo de ladrillo, el de las 49 victorias en el año, el de los saltos gigantes, el hincha de Boca más feliz del momento, el nuevo líder de la Davis, el de la mejor devolución de la actualidad, el de los siete títulos profesionales, el Enano, Palito, Delpo o La Torre de Tandil, el pupilo del gran Franco Davín, el hijo pródigo del también grosso Marcelo Gómez, el hijo genuino de Daniel y Patricia, el hermano de Julieta, el que llora como un chico pero pega como los grandes, el pibe de Tandil que cumplió su sueño a diez días de convertirse en mayor de edad. Juan Martín Del Potro.