Chistonto al margen, de una serie malparida no podía nacer un triunfo sin sufrimiento. David Nalbandian llegó a Estocolmo para sumar y ver qué onda y, 72 horas después, termina erigiéndose en héroe de una eliminatoria cerrada como pocas, presentada y jugada como una partida de ajedrez por todas sus variantes y todas sus sorpresas (ambos equipos utilizaron a sus cuatro jugadores, por ejemplo).
No tiene mucho sentido analizar las claves del partido porque David siempre estuvo condicionado por su físico, por
evitar dar un paso de más, por no hacer un movimiento raro que activara las molestias en el aductor y, según se supo después, en el isquiotibial, que le dolió hoy por la mañana y puso suspenso a su participación en el quinto punto.
Pero el hombre ya había llegado hasta ahí y no se iba a perder la oportunidad de cerrar la historia. Asumió la responsabilidad, Tito Vázquez jugó la otra media cabeza del equipo y hubo final feliz. Es una tontería y no tanto, conociendo nuestra idiosincrasia, preguntarse víctimas de qué ataques estarían siendo en estos momentos Nalbandian y el propio capitán si Argentina quedaba eliminada. La palabra “irresponsabilidad” sería la más benévola.
Como veníamos diciendo desde el viernes, esta serie –por todos sus condimentos, a mi gusto la mejor pensada y jugada en años, contando punto por punto- abre un escenario diferente para lo que viene. Sí, justo es el año más complicado para ganar la Davis, porque ahora viene Rusia de visitante (del 9 al 11 de julio, en pleno Mundial de fútbol) y, en una eventual semifinal, España o Francia, dos equipos largos que también jugarían en su casa. Continuar leyendo »